Lamiel
Lamiel —Recuerda, mi bella amiga —le dijo—, que me niego rotundamente a responder a esa pregunta. Ten en cuenta solamente que es muy peligroso para ti tratar de enterarte; es como el terrible secreto de Las mil y una noches, esos cuentos que tanto te gustan: cuando el héroe quiere enterarse, un enorme pájaro aparece en el cielo, se abate sobre él y le saca un ojo.
A Lamiel la molestó mucho éste no ha lugar: «Quieren engañarme en todo eso del amor; luego lo que debo hacer es no pedir explicaciones a nadie y no creer más que lo que vea por mà misma».
El gran peligro al que el prudente doctor habÃa aludido en su respuesta no hizo más que incitar el valor de Lamiel, «Vamos a ver ese peligro —exclamó—; lo único que sé de pura práctica sobre el amor es lo que mi tÃo me ha querido enseñar repitiéndome que no se debe ir al bosque con un joven; bueno, pues yo iré al bosque con un joven, y a ver qué pasa. En cuanto a mi curita Clément, voy a estar más cariñosa con él para hacerle rabiar. Estaba muy gracioso ayer cuando sacó el reloj con un aire furioso; si me hubiera atrevido, le habrÃa dado un beso. ¿Qué cara hubiera puesto?».