Lamiel
Lamiel —Es simplemente —le dijo la duquesa—, que ha vuelto a empezar la revolución en el pueblo; pero no te asustes, pequeña, llevo conmigo más de ocho mil francos en diamantes y oro y billetes de banco. Vamos a escapar al Havre, y de allÃ, si las cosas van mal, iremos a pasar quince dÃas en Inglaterra, y, teniéndote conmigo, seré tan feliz como en el castillo.
A pesar de su emoción y del afecto apasionado que sentÃa por Lamiel, la duquesa pensó que era hábil no decirle una palabra de su hijo. Su verdadera intención era pasar unas horas en la torre y esperar allà la llegada de Fedor a Carville. En todo caso, sà el pueblo estaba demasiado furioso en Carville, recorrerÃa dos o tres leguas de carretera y por la noche volverÃa a las proximidades del pueblo para recoger a su hijo. Lamiel estaba llena de admiración por el perfecto valor de la duquesa.