Lamiel
Lamiel El lector habrá observado que la duquesa tuvo la prudencia de no preguntar a Hautemare cómo sabía que Fedor iba a venir a Carville. «Esto tiene relación con la propaganda de los jacobinos, pensó; este hombre me respondería una mentira, y es preferible no ponerle en guardia; lo sabré todo por mi pequeña Lamiel».
Hautemare, una vez seguro de que su mujer no le echaría una reprimenda, se avergonzó de la grosería con que había hablado a la duquesa. Y la mujer, completamente amansada por la extremada cortesía de la gran dama que se dignaba acompañar ella misma a la muchacha, no se opuso a que ésta subiera en seguida a donde la duquesa, y se vistió para preparar té. Estas buenas gentes pensaron que era preferible no emplear cumplidos con la gran dama; el marido subió el té al cuarto del segundo piso, pidió órdenes a la señora y se despidió con mil saludos muy nobles.