Lamiel
Lamiel Sufrió una nueva contrariedad. Fue a ver al abate Clément a su parroquia; le vio en su huerta leyendo el breviario, y, un instante después, una criada gorda salió a decirle que el señor cura no podía recibirla, y esta gruesa criada añadió en un tono muy burlón:
—Vamos, pequeña, vaya a rezar a la iglesia, y sepa que no se habla así con el señor cura.