Lamiel
Lamiel Monsieur Du Saillard proveía de ideas a siete u ocho hidalgos de las inmediaciones sobre los acontecimientos comunicados por La Quotidienne.
De vez en cuando llegaba al salón de madame de Miossens un jorobado muy gracioso; éste me divertía más; presumía de hacer conquistas, y a veces, según dicen, las hacía.
Este original se llamaba el doctor Sansfin, y, en 1830, tendría unos veinticinco o veintiséis años.
La marquesa se complacía en contar, con nombres supuestos, las detalles ridículos de sus proezas en la comarca. Pues parecían ponerse de acuerdo los más cómicos infortunios para caer sobre la persona de aquel Don Juan jorobado.
Por lo demás, el tal médico, si no se hubiera empeñado en ser un Don Juan, habría resultado pasadero. Hijo único de un rico labrador de los alrededores, Sansfin se había hecho médico para aprender a cuidarse; se había hecho cazador intrépido para aparecer siempre armado ante los ojos de las gentes del pueblo que pudieran sentir la tentación de burlarse de él.
Se había aliado con el profundo abate Du Saillard para darse tono de poderío en la comarca, y como era muy colérico, dicen que algunas veces le había ocurrido disparar por error un tiro de escopeta sobre los guasones que se burlaban en voz alta de su pinta extraordinaria.