Lamiel

Lamiel

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pues la reñiré de todos modos —replicó Hautemare con aplomo—. ¡Tres libras de aceite es mucho de una vez! No sé si se lo dije con todas las letras, pero cuando le di el encargo podía haber comprendido que sólo se trataba de libra y media o dos libras a lo sumo.

—Bueno, bueno, no riña a la muchacha. Tratándose de aceite hay que contar también lo que se queda pegado en la alcuza.

Y estuvo hablando más de un cuarto de hora al maestro de escuela, que volvió a casa muy pensativo. «¿Se lo mandó mi mujer —se preguntaba—, o ha salido de la pequeña?». La tendera le había dicho que Lamiel había pagado dando a cambiar un escudo de cinco francos. «Otra tontería —pensaba Hautemare—, con los dobles sous que tenemos que pasar».

Hautemare se pasó la velada calculando las palabras que iba a decir; en primer lugar, por no dar sospechas a su mujer o a su sobrina, y luego, por tratar de adivinar. No adivinó nada. Al día siguiente, volvió a casa de la tendera, pero al pasar por su tienda dio a entender que venía de mucho más lejos; no averiguó nada nuevo, pero tuvo el tacto de provocar una discusión con su mujer sobre el empleo que había dado a un cartucho de cincuenta sous, y quedó convencido de que en varios días no había comprado más que pimienta y unas hierbas cuya existencia comprobó él.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker