Lamiel
Lamiel Fedor se quedó plantado en la carretera como una estatua.
Afortunadamente, al llegar al castillo se atrevió a confesárselo a Duval.
—Hay que dejar pasar ocho dÃas sin hablar a esa remilgada; esto es por lo menos —añadió Duval al ver que iba a contrariar al duque— lo que harÃa un joven corriente; pero las personas de su linaje, señor duque, consultan ante todo a su gusto. El heredero de uno de los más nobles tÃtulos de Francia y de una de las más grandes fortunas no está sometido a las reglas corrientes.
El duquesito retuvo hasta la una de la madrugada a un hombre que hablaba con tanta elegancia.