Lamiel
Lamiel El dÃa iba declinando rápidamente; Lamiel y su amigo salieron del bosque para volver al pueblo. El duque contaba con una naturalidad encantadora y mucho ingenio cómo pasaba los dÃas en ParÃs. Lamiel vio de lejos a su tÃo Hautemare que bajaba de un cochecillo alquilado, al parecer para vigilarla. Esto la impacientó.
—¿Tiene todavÃa a ese criado fiel a quien llama Duval?
—Sà —repuso Fedor sonriendo.
—Pues mándele a ParÃs a buscar algo que habrá olvidado.
—Pero eso me perturba; ¿qué voy a hacer sin ese hombre?
—¡Vaya!, gimotea como un niño que le tiene miedo a su niñera. De todos modos, no vuelva a verme hasta que Duval no esté en Carville. Ahà viene mà tÃo corriendo detrás de mÃ; ¡ojalá pudiera despedirle como le despido a usted! Adiós.