Lamiel
Lamiel Lamiel tuvo que soportar una muy larga y muy fastidiosa reprimenda de su tío. La escena se repitió cuando la muchacha volvió a casa. Ahora tenía la palabra madame Hautemare, y la tuvo durante mucho tiempo. El aburrimiento paralizaba en Lamiel todos los sentimientos: si su tío o su tía se cayeran al Sena, ella, sin vacilar, se tiraría al agua por salvarlos; pero cuando a esta muchacha que tanto se aburría se pusieron a hablarle de que con su conducta deshonraría las canas de sus tíos, no vio más que el fastidio de su conversación.