Lamiel
Lamiel (AquÃ, unas largas explicaciones de la palabra maquiavélico, que Lamiel no entendÃa. La función de explicador de palabras era una de las que más le gustaba ver desempeñar al duquesito; era claro, lógico; lo hacÃa admirablemente, y Lamiel le manifestaba su admiración con la claridad con que le mostraba sus sentimientos).
Poco a poco, Fedor iba comprendiendo su felicidad y hasta insistió mucho para que Lamiel creyera por un instante que ya estaba en Rouen; pero lo único que consiguió fue que le echara medÃa hora antes de ponerse el sol. Luego Lamiel volvió a llamarle; el bosque estaba tan lleno de agua, que la muchacha quiso montar en la grupa hasta la carretera. Sentirla tan cerca fue demasiado fuerte para la razón de Fedor; estaba ebrio de amor y temblaba hasta el punto de no poder casi sostener la brida del caballo.
—Bueno, vuélvete —le dijo Lamiel— y bésame todo lo que quieras.
Fedor, ebrio de felicidad, tuvo un relámpago de carácter; en lugar de volver al castillo, fue directamente a buscar a un guardabosques de sus dominios, que vivÃa a más de dos leguas; le dio unos napoleones y le pidió un pasaporte de mujer.