Lamiel

Lamiel

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Esta idea de ingratitud desagradó a Fedor y le pareció de mal tono; supone una especie de igualdad, y sin haber pensado nunca en ello, con la razón que le había dado la geometría, le parecía que la sobrina de un chantre de pueblo debía toda clase de respetos a una dama del rango de su madre, aunque ésta no hubiera sido tan buena con ella, y que era absurdo que empleara la palabra gratitud. Además no tenía ninguna gana de ir a exponerse a los sermones maternos; pero como Lamiel repitió la orden, no hubo más remedio que obedecer.

Lamiel se sintió loca de alegría al encontrarse sola y libre de las eternas palabras amables y lisonjeras del duquesito. Comenzó por comprarse un par de zuecos y cogió del brazo a la criada de la dueña del hotel.

—Vamos a correr por el campo, querida Marta —le dijo—; huyamos de este eterno bulevar de Ruan que el cielo confunda.

Marta, al verla perderse a través del campo, por unos pequeños senderos, y a veces a campo traviesa y deteniéndose para gozar de su felicidad, le dijo:

—¿No viene?

—¿Quién?

—Pues ese enamorado que al parecer busca.

—¡Dios me libre de enamorados! Prefiero mi libertad a todo. Pero ¿es que usted no ha tenido enamorados?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker