Lamiel
Lamiel «Me encuentro ante tres o cuatro juicios que pueden llevarme a Clichy; tengo para conmigo mismo la obligación de conquistar a esta provincianita; cumplido este deber, se trata de desaparecer a lo gran señor. Me iré a Versalles; allí me conocen unos pobres diablos que van a bostezar en esa triste ciudad con los ingleses arruinados. ¡Dios santo, qué noches voy a pasar!».
Lamiel se aburría atrozmente; el conde no necesitó más que dos días de atenciones.
—¿Me lleva al teatro esta noche? —le dijo Lamiel.
—Esta noche, si mis asuntos quedan liquidados, pienso pegarme un tiro.
Lamiel lanzó un grito, y el conde quedó muy satisfecho del efecto que producía.