Lamiel
Lamiel —En ese caso, se acabarán los Nerwinde. Soy el último de este nombre y, por deber hacia la gloria de mi padre y el recuerdo que Francia conserva de este héroe, amigo de Jourdan, tengo que consultar a mi hermana, la baronesa de Nerwinde sobre este paso tan importante.
La marquesa de Sassenage se creyó en el deber de hacer llegar estas palabras, por mediación de su director de conciencia, a la baronesa, siempre enferma y a la que, por su gran devoción, le habÃan sido abiertos los salones de la nobleza de Périgueux. El confesor estaba enfermo también, y el propio monseñor obispo de X… fue a hablar a esta beata importante y rica. El obispo pertenecÃa también a la buena nobleza de Béarn, y contaba entre sus abuelos un cordon rouge en tiempo de Luis XV. Por fortuna, la conmovió hablándole de la caÃda de la nobleza, y esto fue para la baronesa de Nerwinde la lisonja más agradable posible. Aquel hombre de calidad la consideraba como de la verdadera nobleza.