Lamiel

Lamiel

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

A los dos días, la baronesa hizo un nuevo testamento dejando todos sus bienes a su hermano Efraín, conde de Nerwinde, del que tanto había abominado. Esta herencia se elevaba tal vez a cerca de un millón; pero la baronesa ponía una condición: que el heredero se casara antes de los cuarenta años. A los pocos días, como la piedad por el título de su hermano pequeño hacía estragos en aquella voluble imaginación, la baronesa envió a este hermano, con el que estaba a matar desde hacía dos años, una letra de cambio de seis mil francos. Le anunciaba una pensión anual de la misma cantidad y le daba a entender que sería su heredero.

El conde recibió esta carta a las cuatro, cuando se disponía a ir a comer a casa de la marquesa de Sassenage, donde le estaban esperando. No dedicó ni dos segundos al placer o a la sorpresa. Los corazones dominados por la vanidad tienen un miedo instintivo a las emociones, que son el gran camino para llegar al ridículo.

«¿Cómo puedo sacar de esto —pensó— una anécdota picante y que me haga honor en el círculo?».

Salió para París, subió corriendo al cuarto de Lamiel y, sin dignarse contestar a la exclamación de alegría de la buena madame Le Grand, abrió con estrépito la puerta de Lamiel y arrojándose a sus píes, le gritó:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker