Lamiel

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«Pero no —se dijo a medida que se fue aproximando la diligencia—, son verdaderos campesinos normandos, no son gendarmes disfrazados como en Colmar; ¡demonio!, es que se juega uno la cabeza dejándose coger. Los realistas no se andan con chiquitas, y nuestro gran vicario, monsieur du Saillard, que en el fondo estaría al frente de todo el proceso en este asunto, tendría un verdadero placer en hacer caer una cabeza. Soy tan imprudente que me ve en los ojos que no creo más que lo indispensable todo lo que cuenta de la señora. No puedo exponerme a que me interrogue».

Sansfin volvió en seguida a su casa por una calle desviada [palabra ilegible] y fue a ver a uno de sus enfermos cuya casa tenía unas ventanas traseras que daban a la cochera de la diligencia. Se arrimó a una de estas ventanas que tenían los cristales medio tapados por telas de araña.








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