Lamiel
Lamiel Un dÃa que, apenas al salir de la mesa, madame de Miossens subió al coche para ir a hacer una visita a cuatro leguas de su casa y que rogó al doctor (asà llamaba a Sansfin) que hiciera los honores del café y los licores a sus amigos y vecinos, siguiendo la costumbre de la provincia y sobre todo de la Baja NormandÃa, los amigos y los vecinos se pusieron en seguida a hablar mal de la persona ausente. Al caballero de Sainte-Foi, le parecÃa la duquesa imposible de definir.
—Pues yo —exclamó Sansfin— encuentro muy fácil definir a la señora duquesa. Para pintar ese carácter basta decir lo que me ha parecido oportuno hacer para ser grato a esa noble dama tan superior por su inteligencia como lo es por su alcurnia y por su fortuna; simplemente ha admitido en toda ocasión como una verdad demostrada y fuera de toda discusión que el hijo de un rico agricultor, que un médico, hombre de mérito; en fin, yo, señores, puedo ser tan importante como un hombre de otra naturaleza, un patán o un Febo de Albret, duque de Miossens. Una vez bien convencida la señora duquesa de mi creencia, firme e inquebrantable, en esta gran verdad, ha sido para mà la más natural, la más cortés, y me atreveré a decir que la más sencilla de todas las mujeres.
