Lamiel
Lamiel AquÃ, por ejemplo, olvidó completamente que al principio se trataba de pintar el carácter de la duquesa de Miossens, o más bien de dar una idea de la perfecta habilidad con que él, un pobre plebeyo, hijo de un campesino, un simple médico rural, habÃa logrado ser bien recibido, y no pensó más que en pintar eficazmente la profunda insensibilidad de los aristócratas guardias de corps y en poner bien de relieve hasta qué punto un noble anterior a la Revolución se creÃa de buena fe de una especie distinta que un soldado plebeyo. Olvidaba por completo que la nobleza rica de 1829 pretendÃa seguir extremada y absolutamente a la nobleza de la corte de Luis XV, sólo momentáneamente oscurecida y lesionada en su esplendor y en sus derechos por los [palabra ilegible] de la tierra y los insolentes partidarios de Napoleón Bonaparte.
Sansfin pensaba nada menos que sus palabras poco mesuradas podÃan romper de pronto sus relaciones con la duquesa de Miossens y con todas las damas nobles de los castillos que, en seis leguas a la redonda, rodeaban el de Carville. Ahora bien, dos cosas habÃa que le gustaban casi igualmente: admirar de cerca los hermosos brazos y los bellos hombros de aquellas damas y saludarlas delante de los campesinos y con un aire de intimidad cuando sus caballos se cruzaban con los de aquéllas.