Lamiel
Lamiel Madame Hautemare, mujer del mayordomo y futura tía de Lamiel, fue de las que se desmayaron y, como podía aspirar al primer rango entre las devotas del pueblo, todo el mundo se precipitó a atenderla. Veinte chicuelos corrieron a avisar al señor mayordomo, pero él los mandó a paseo de mala manera. Su deber le impedía acudir: estaba ocupado en recoger los menores trozos de la envoltura de los petardos, hecha con tela alquitranada y cuerdas.
Esta misión le había sido encomendada y varias veces explicada por el terrible monsieur Du Saillard, cura del pueblo, y Hautemare no quería dejar de cumplirla bien. El cura era el principal autor de su pequeña fortuna, y el mayordomo se echaba a temblar sólo con verle fruncir el entrecejo.