Lamiel
Lamiel Monsieur Hautemare, muy simple y honrado, tenía mucha influencia con el señor cura desde que había ayudado a fabricar un milagro en que él era el primero en creer, cualidad preciosa en Normandía. Monsieur Hautemare tenía tres empleos, todos dependientes del curato. Era mayordomo de la iglesia, chantre y maestro de escuela, y estos tres cargos juntos le producirían unos veinte escudos mensuales; pero al segundo año del reinado de Luis XVIII en París, el cura y la señora marquesa de Miossens obtuvieron para él la autorización de abrir una escuela para los hijos de los labradores de ideas sanas. Los Hautemare habían podido ahorrar primero veinte francos, luego cuarenta francos al mes, luego cincuenta, y se estaban haciendo ricos. El chantre Hautemare, con todo lo buen hombre que era, le dijo a madame de Miossens el nombre de un campesino listo y jacobino que había dado en matar todas las liebres de la comarca; ahora bien, la señora marquesa de Miossens creía firmemente que estas liebres pertenecían a su casa, y consideraba su muerte violenta como un insulto personal.