Lamiel

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—Yo iba por mi camino; un camino es para pasar por él.

Se volvió hacía las lavanderas para gozar de su desesperación; era el momento en que todas a la vez le lanzaban injurias atroces. El doctor no pudo resistir a la tentación de volver a pasar al trote por el charco. Picó al caballo. Una de las mozas, que estaba justamente bajo el morro del caballo, se asustó muchísimo y, sin saber lo que hacía, le tiró al animal la pequeña pala de madera con la que golpeaba la ropa. La pala, lanzada por el miedo, pasó a unas pulgadas más arriba de los ojos del caballo. Mouton se asustó y se paró en seco en medio de su trote, dando un pequeño bote hacia atrás.

Este movimiento brusco y seco determinó la separación del doctor y su silla; el doctor, que se inclinaba hacia adelante, fue a parar de cabeza al charco; pero el fango tenía medio pie de profundidad y el doctor no sufrió mis daño que el de la vergüenza, pero una vergüenza espantosa.

Estaba tendido a los pies de la mujer que, en la angustia de un peligro que le parecía enorme, había tirado al caballo su pala de madera.


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