Lamiel
Lamiel Aquà tuvo lugar una negociación muy complicada que duró más de tres semanas. Este tiempo bastó para llevar al estado de pasión, en la duquesa, la idea, bastante vaga al principio, de tener a Lamiel en el castillo para leerle La Quotidienne. Después de conversaciones infinitas que bien pudieran tener el mérito de pintar el genio normando de que tan magnÃficos ejemplos vemos en ParÃs, pero a riesgo de parecer largo al lector benévolo, quedó convenido que Lamiel dormirÃa en el cuarto de madame Anselme, y este cuarto tenÃa el honor de ser contiguo al de la duquesa. Esta última circunstancia, que calmaba plenamente los escrúpulos y sobre todo la vanidad de madame Hautemare, no dejó de chocar muchÃsimo en otro sentido.
—¡De manera —decÃa a su marido cuando todo parecÃa concluido— que las malas lenguas de Carville podrán decir que nuestra sobrina está sirviendo! Eso harÃa renacer las esperanzas de tu sobrino el jacobino, que tantos horrores ha dicho de nosotros.