Lamiel

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Capítulo 5

La supuesta debilidad de los ojos de la duquesa servía de pretexto a esta amable mujer para no separarse nunca de Lamiel, que había heredado plenamente la influencia del perro Dasch, muerto poco antes.

Este género de vida hubiera sido delicioso para una aldeanita vulgar, pero al año escaso Lamiel había perdido toda la alegría de la juventud.

Así pasaron varios meses, hasta que cayó seriamente enferma. La enfermedad se presentó tan alarmante, que la duquesa se resignó a mandar a buscar al doctor Sansfin, que, desde hacía varios años, ya no iba al castillo más que el primero de enero. Du Saillard había conseguido sustituirlo por el doctor Buirette, de Mortai, pequeña ciudad a unas leguas del castillo, Du Saillard tenía miedo de que Sansfin se apoderara del ánimo de la duquesa y hasta de que a ésta se le curara la supuesta enfermedad de los ojos. Para la vanidad sin límites del médico jorobado fue un gozo delicioso esta llamada al castillo; era lo único que le faltaba a su gloria en la comarca. Decidió producir una impresión profunda. Pensaba que la duquesa debía de estar muerta de aburrimiento, y en consecuencia, durante la primera mitad de la visita, estuvo de una grosería perfecta; dirigía las palabras más inadecuadas a una gran dama que, según él sabía muy bien, era tan mesurada y elegante.


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