Lamiel
Lamiel »Hacerme tan necesario a esa gran dama de tan bellas facciones y todavía de muy buen ver, a pesar de sus cincuenta y dos años; que, después de una lucha de unos meses o un año, se decida a casarse con el médico de pueblo contrahecho por la naturaleza.
»Con estas dos ideas —se dijo Sansfin— vale la pena ir todos los días al castillo».
La duquesa le consultaba sobre todo y, en realidad, desde que veía a Sansfin todos los días, y varias veces en un día, ya casi no se aburría.