Lamiel
Lamiel «Me apoderaré del ánimo de ese hijo, haré que me adore —decÃase Sansfin paseando solitario por la colina de Santa Catalina, que domina Ruan—. Y en cualquier caso, poniéndome en lo peor, ¿quién me impedirÃa escapar a América con una bolsa de cien mil francos? AllÃ, con un nombre supuesto, monsieur Petit o monsieur Pedro Durand, comenzarÃa la carrera de médico, y además, habrÃa dispuesto tan bien las cosas que, llevándome mis cien o doscientos mil francos, la duquesa y su hijo harÃan el ridÃculo sà se les ocurriera perseguirme».
Sansfin volvió a Carville; como la curación de Lamiel iba muy de prisa y podÃa inducir a madame de Miossens a volverse al castillo, Sansfin recurrió a unas drogas que aumentaron la apariencia de la indisposición de la muchacha.
Asà las cosas, Sansfin iba de caza al bosque de Imberville; un dÃa, en vez de cazar, meditó profundamente.