Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Un día de cena de gala en Viroflay, cuando estaban acabando de comer, un invitado que venía por segunda vez a casa de Boissaux y no conocía a los presentes, dijo, comentando las noticias de París, de donde venía:
—Ha habido un duelo esta mañana: han matado a un joven que solía ir a la Ópera; un muchacho muy apuesto, debo decir, pero siempre triste, como si hubiera previsto lo que le esperaba, un tal señor Féder.
Un vecino de mesa del invitado que así hablaba le cogió el brazo con presteza e, inclinándose hacia él, le dijo unas pocas palabras en voz baja. Ni Boissaux ni Delangle habían oído la noticia, pero a la señora Boissaux no se le escapó ni una palabra; se sintió morir; se agarró a la mesa para no caer el suelo; luego, mirando a su alrededor para ver si alguien había notado su ademán, se dijo: «¡Hay aquí veinte o treinta personas! ¡De qué escena voy a ser causa! Y ¿qué dirán mañana?». El espanto de la escena que preveía le dio valor y, tomando el pañuelo y arrimándoselo a la cara, le hizo a su marido seña de que estaba sangrando por la nariz, accidente que padecía con frecuencia. El señor Boissaux explicó con breves palabras la salida de la anfitriona y nadie dio importancia a aquella ausencia.
Fue a su cuarto y allí rompió en sollozos.