Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos —Bien está, pero váyase, amigo querido —le respondió sin retirar la mano—. Deje que me reponga de tan gran turbación y de tan gran locura. No vuelva a mencionármelo nunca; pero le aseguro que no han cambiado mis sentimientos. Adiós, no quiero hacerme la hipócrita con usted, pero, en el nombre del cielo, déjeme sola. Me habÃan anunciado su muerte; no haga que me arrepienta en el futuro de haberlo echado de menos tan locamente cuando creÃa que no volverÃa a verlo.
Féder obedeció simulando la apariencia del más hondo respeto. Valentine le agradeció dicho respeto hasta cierto punto, pues desde veinte sitios del jardÃn podÃan verlos. Pero, en el fondo, no le agradó; lo menoscababa, desde su punto de vista, que fuera mezclado con algo de hipocresÃa; y ¿qué iba a ser de ella si hubiera mezcla de hipocresÃa en la forma de tratarla Féder?
Desde luego que aquel respeto extremado era fingido. Féder sabÃa muy bien que es en el momento en que una mujer acaba de comprometerse al máximo cuando es preciso hacerle olvidar la insigne locura que acaba de cometer consolando su vanidad y mostrando las más abundantes y exageradas muestras de respeto ante la inmensa voracidad de ese hábito del alma de las mujeres.