Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Pero uno de los efectos más dulces y singulares del peculiar sentimiento que unÃa a Féder y a Valentine es, si asà puede decirse, que la dicha se mantenÃa siempre a igual nivel en aquellas dos almas que unÃa el amor.
Féder se dio perfecta cuenta del ápice de chasco que se le pintó en los ojos a Valentine al ver que la saludaba con tanto respeto. «Ese descontento —se dijo— va a llevarla a una desconfianza que quizá le parezca mañana simple prudencia y llegará a negarme que hete aquà que, cuando me creÃa muerto, me confesó que me amaba con pasión. Me costará mucho vencer esa prudencia; en vez de disfrutar de la dicha divina que puedo esperar de esa confesión tan apasionada de hace solo un momento tendré que andar maniobrando». Aquellas reflexiones le cruzaron a toda prisa por la cabeza. «Tengo que intranquilizarla —se dijo Féder—; solo se le ven los inconvenientes a la dicha cuando está uno seguro de ella».
Se acercó Féder a Valentine con expresión segura y bastante frÃa en apariencia, sobre todo comparada con los arrebatos tan entregados que acababan de suceder. Le cogió Féder la mano mientras ella lo miraba con cara entre indecisa y sorprendida y le dijo con tono filosófico y frÃo: