Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Habremos concluido la descripción de la situación y de la forma de ser de Féder si añadimos que la costumbre que había tomado de ir a diario a casa de la señora Boissaux había dejado en suspenso, como si dijéramos, todos los demás sentimientos que lo alteraban en la vida. Antes de saber cómo estaban las cosas, se decía a veces: «¿Seré acaso lo bastante loco para sentir amor?». Solía, en días así, contenerse y no ir a casa de Valentine; pero se le hacía penoso el transcurso de la hora en que debería haber estado con ella; a veces, no podía resistirse a la tentación; corría a su casa, no cumplía la palabra que se había dado, pero lo hacía feliz el resultado. La última vez que temió seriamente sentir amor, subió a caballo y, a la hora en que debería haber visto a Valentine, estaba en Triel, a orillas del Sena, a diez leguas de París.
La escena de Viroflay lo cambió todo; no podía aceptar ya el recurso del fingimiento en el estado de violencia en que había visto a la señora Boissaux: estaba claro que lo creía muerto.