Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos No le llegó el ingenio para dar con otra respuesta que no fuera: «¡La verdad, señora!», que repitió dos veces. Sentía una antipatía invencible por todos los olores; pero, desde aquella velada, el olor del vinagre se convirtió para él en sagrado y siempre que le salió al paso, a continuación, notó una vehemente sensación de felicidad.
Valentine se dijo: «¡Tan hablador esta mañana, tan fértil en anécdotas supuestamente graciosas y tan parado esta noche! Pero ¿qué es lo que sucede en ese corazón?». La respuesta no dejaba lugar a dudas y hacía que a la joven le suspirase con ternura el corazón: «Me ama».
Aquella noche el espectáculo le pareció interesantísimo a la señora Boissaux; ¡todas las palabras de amor le iban al corazón en derechura! «Nada era vulgar, nada era exagerado». (Schiller).