Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos Féder se arrojó en sus brazos; esa era la amiga que quería tener.
Desde que había tenido tanto éxito con un frac raído y joyas de similor, no había dejado de ir a La Chaumière y a otros bailes por el estilo. Rosalinde lo sabía y se desesperaba. La cantidad de amigos que conocían a Féder como persona melancólica iba en aumento todos los años; algunos de esos amigos se lo habían encontrado en los bailes de La Chaumière; les había confesado que era un libertino desenfrenado y que aquella sensación era la única que podía distraerlo de sus desdichas. El libertinaje no rebaja a un hombre como lo rebaja el buen humor; se lo toleraron y con admiración fue como se habló de la enajenación que el tenebroso Féder sabía sacar a relucir los domingos para agradar a las Amandas y a las Athénais que, durante la semana, cosen gorros y vestidos en los talleres de Delille o de Victorine.