Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos «El hecho —exclamó, hablando consigo mismo— es que no tengo el menor talento; mis retratos son caricaturas infames de los defectos de los rostros de mis modelos; nunca acierto en el color. Si los espectadores tuvieran la inteligencia suficiente para dejarse llevar sin más por sus sensaciones, dirÃan que las mujeres que pinto son de porcelana».
Tras clausurarse la exposición, a Féder le concedieron la Legión de Honor por su categorÃa de pintor de primer orden. No obstante, lo que habÃa descubierto sobre sà mismo no hizo sino crecer en cantidad y calidad; es decir, que se convenció por completo, y cada dÃa más, de que era completamente cierto.
—Si algún talento tengo —se decÃa— es más bien el del comercio. Pues, vamos a ver, no actúo al azar o por arrebatos, y los datos en que me baso para razonar me parecen correctos, incluso después de que las cosas hayan salido mal. Por lo cual, de cada diez operaciones que hago, salen bien siete u ocho.
Con pensamientos asà fue como nuestro héroe consiguió amenguar la pena que le habÃa entrado con aquella amargura que acompañaba ahora todas sus ideas de la pintura.