Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos «Una persona —se decÃa— a quien le ha concedido el Cielo formas de sentir tan exquisitas, o que las finge, no deberÃa venderse por one hundred thousand francos».
Todas estas ideas les parecerán muy atrasadas a los lectores cuando se imprima esto. Hará ya mucho seguramente que el público habrá dictado su sentencia en ese famoso proceso y que habrán caÃdo en el olvido las facciones. Pero es precisa esta puntualización histórica para que pueda entenderse la presente historia. Por desdicha, en aquella época de 1832, tan lejana ahora, las ideas polÃticas tenÃan mucho que ver en el comportamiento y en las opiniones del sector generoso, o novelesco, digamos, de la nación. A Roizand se le venÃan a los ojos lágrimas de ira o de indignación cuando leÃa algunos hechos en los periódicos. No era un filósofo. Y menos aún, seguramente, un ambicioso. Nada más imprudente que esas lágrimas; no le decÃa nada de ellas a nadie, pero las personas que se han vendido y lo saben le tienen un miedo terrible al desprecio y a lo mejor un dÃa lo ven por casualidad por todas partes, y quizá incluso exageran su importancia. Sus rivales en la fama, los ingleses ministeriales, no tienen casi ninguna sensibilidad para el desprecio.