Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos La duquesa era rubia, con grandes ojos azul oscuro; no había nada ni brusco ni duro en aquella cara tan dulce: todo era encanto seductor. Por la forma de sus rasgos, muy francesa, la duquesa era más bonita que hermosa. Una de las ventajas, que le debía más aún a los buenos modales de su familia que a su elevada cuna, era que nunca había tenido que expresar un sentimiento de desagrado por la persona a quien hablaba. Rodeada de respeto y de corazones sometidos, me parece que su forma más violenta de enfadarse habría sido parecer desdichada.
Un día, la duquesa retuvo a su lado a Roizand durante toda la velada. Le habló con mucha animación y algo así como con intimidad. Se hallaban en los hermosos jardines de … Habían llegado a esa época deliciosa de Roma en que desaparecen los calores fuertes, estaban a finales de septiembre. La conversación tenía electrizado a Roizand y lo deleitó notar ese ambiente. Lo emocionó. Aquella velada era infinitamente menos aburrida que las que su orgullo llevaba agenciándole desde hacía seis meses. Al regresar a su casa tuvo algo más interesante en que discurrir que la controversia entre Niebuhr y Tito Livio.
El cardenal no había apartado la vista de la señora de Vaussay.