Narraciones y esbozos
Narraciones y esbozos «¡Qué lÃnea admirable y exquisita tiene esa nariz! —se dijo su mentalidad de pintor—. Pero ¡qué alma pasmosa y capaz de amar hasta el infinito anuncia ese rostro! —no tardó en añadir su corazón de amante—. No cabe duda de que mi frase le dejará un prolongado recuerdo; pero pierdo la ocasión de verla y ¿quién me dice a mà que no será algo que me parezca pasado mañana harto enojoso? Pues, en vista de eso —se dijo—, tengo que arrojarme a los pies de su vanidad, a la que le puede parecer que la he tratado muy a la ligera y como si me jugara a pares o nones el peligro de que me cierre su puerta».
—Estoy consternado, señora, y le pido con toda el alma y de la forma más humilde que me perdone esta indiscreción.
Al oÃr esas palabras, Valentine se volvió hacia él del todo y poco a poco fue a asomando a su rostro el más vehemente gozo; quedaba libre de aquel pensamiento espantoso: verse obligada a echar a Féder o, al menos, a no volver a dirigirle la palabra sino en presencia del señor Boissaux o de una doncella.
«¡Con qué rapidez —se dijo Féder— se le pinta en el semblante todo cuanto siente su corazón! No es desde luego la necedad provinciana que me esperaba. Presentar disculpas a su vanidad tiene éxito: doblemos la dosis».