Recuerdos de egotismo

Recuerdos de egotismo

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Sé de tan asombrosos trabajos por una actriz, amiga mía, que desde su ventana veía a ese joven trabajar en la pintura desde las 5 de la mañana a las 5 de la tarde, y leer luego la noche entera. De tan terribles trabajos le había quedado al caballero el arte de acompañar al piano de manera superior, y el suficiente buen juicio o buen gusto musical, como se prefiera, para que no le tomaran del todo el pelo los merengues y fanfarronadas de Rossini.[221] Tan pronto se metía a razonar, esa flaca inteligencia atiborrada de falso saber caía en las más cómicas necedades. Sobre todo en política, era cosa digna de verse. Por otra parte, nunca he conocido nada más poético y absurdo que el liberal italiano, o carbonaro, que llenaba entre 1821 y 1830 los salones liberales de París.

Una noche, Mi[cheroux] subió a casa después de cenar. Dos horas después, como no se le viera aparecer por el café de Foy, donde tocaba a uno de nosotros pagarle el café que había perdido, subimos a su casa. Lo encontramos desvanecido por el dolor. Tenía scolozione;[222] después de cenar se había redoblado el dolor local; aquella mente flemática y triste había dado en considerar todas sus miserias, incluidas las monetarias, y el dolor lo había derrumbado. Otro se habría matado; él, por su parte, se habría contentado con morir desmayado si nosotros, con gran esfuerzo, no le hubiéramos despertado.


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