Recuerdos de egotismo

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Capítulo 9

PERO ES preciso volver a un pequeño jardín en la calle Caumartin.[279] Allí nos esperaban cada tarde de verano unas buenas botellas de cerveza bien fría que nos servía una mujer grande y bella, la Sra. Romance, separada de un impresor bribón[280] y querida del Sr. de Maisonette, quien la había adquirido del tal marido en 2 o 3000 francos.

Lussinge y yo íbamos allí a menudo. Por la tarde nos encontrábamos en el bulevar con el Sr. Darbelles, hombre de 6 pies de altura y amigo común de infancia, pero muy aburrido.[281] Nos hablaba de Court de Gébelin[282] y de adelantar gracias a la ciencia. Ha hecho fortuna de otra manera, pues hoy es ministro. Iba a ver a su madre a la calle Caumartin; por librarnos de él nos metíamos en casa de Maisonette.

Ese verano comenzaba yo a renacer un tanto a ideas de este mundo. Lograba pasar 5 o 6 horas seguidas sin pensar en Milán; sólo el despertar seguía siendo amargo. Me quedaba en cama a veces hasta el mediodía ocupado en rumiar negruras. El caso es que de boca de Maisonette escuché la descripción de la manera en que el poder, única cosa real, estaba distribuido a la sazón en París, en 1821. Al llegar a una ciudad pregunto siempre:


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