Recuerdos de egotismo

Recuerdos de egotismo

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No era yo aún lo bastante agudo para entenderla. A menudo miraba a esa vieja condesa por causa de las encantadoras faldas de Victorine[276] que llevaba. Me enloquece una falda bien hecha, para mí eso es la voluptuosidad. En otro tiempo la Sra. N. C. D. me dio ese gusto, ligado a los recuerdos deliciosos de Cideville.[277]

Creo que fue por la Sra. Baraguey-d’Hilliers por quien supe que el autor de una canción deliciosa, que yo adoraba y llevaba en el bolsillo, hacía pequeñas composiciones en verso para los cumpleaños de esos dos viejos monos, los Srs. de Jouy y Arnault, y de la espantosa Sra. Davillier.

He ahí algo que nunca he hecho; claro que tampoco he hecho:

le Roi d’Yvetot,

le Sénateur,

ni la Grand-mère.[278]

Contento con haber adquirido adulando a esos macacos el título de gran poeta (por otra parte tan merecido), el Sr. de Béranger ha desdeñado adular al gobierno de Luis Felipe al que tantos liberales se han vendido.


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