Recuerdos de egotismo

Recuerdos de egotismo

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Al cabo de unos años, de vuelta de Nápoles, me encontró Barral viviendo con una cantante que venía cada noche a las 11 ½ a aposentarse en mi cama. Yo volvía a casa a la una, y cenábamos perdiz en fiambre y champán. Duró tal relación dos o tres años. La Srta. B[éreyter][161] tenía una amiga, hija del célebre Rose, el vendedor de calzones de cuero. Molé, el célebre actor, había seducido a las tres hermanas, unas muchachas encantadoras. Una es hoy la Sra. marquesa de D.[*] De caída en caída, Anette vivía entonces con un bolsista.[162] Tanto se la alabé a Barral, que se enamoró. Persuadí a la bella Anette de que dejara a aquel canalla de especulador. Barral no tenía ni 5 francos a día dos. El primero de mes, de vuelta de su banco con 500 francos, iba a desempeñar su reloj que estaba en prenda y a jugarse los 400 que le restaban. Me dio pena, invité a las partes beligerantes a dos cenas en Véry, en las Tullerías, y persuadí por fin a Anette de que se hiciera administradora del conde y viviera con sensatez [¿?] de los 500 que el padre le daba. Hoy (1832) ese apaño dura ya diez años. Por desdicha Barral se ha hecho rico: tiene 20 000 francos de renta, como poco, y con la riqueza ha venido una avaricia atroz.




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