Recuerdos de egotismo

Recuerdos de egotismo

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En 1817, yo había estado muy enamorado de Anette durante 15 días; tras lo cual la encontré de ideas estrechas y parisinas. En mí es eso el mejor remedio para el amor. Por las tardes, enmedio del bulevar de Gante, me topaba a este amigo de infancia y la buena de Anette. No sabía qué decirles. Me moría de aburrimiento y tristeza; las chicas no me animaban nada. Por último, a eso de las 10 ½ me iba a casa de la Sra. Pasta para el faraón, preocupado por si llegaba el primero y me veía reducido por toda conversación a los chismorreos de cocina con la Rachele, la madre de Giuditta. Pero me hablaba en milanés;[163] a veces la encontraba en compañía de algún palurdo recién llegado de Milán, a quien ella había dado de cenar. Yo le pedía tímidamente al palurdo noticias de las bellezas femeninas de Milán. Me habría muerto antes que nombrar a Métilde, pero alguna que otra vez me hablaban de ella por propia iniciativa. Esas veladas hacían época en mi vida. Por fin comenzaba el faraón.[164] Allí, sumido en un ensueño profundo, perdía o ganaba 30 francos en 4 horas.






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