Recuerdos de egotismo
Recuerdos de egotismo A tal punto me había despreocupado de mi honor que, habiendo perdido más de lo que llevara en el bolsillo, le decía a quien ganara «¿quiere usted que pase por casa?». Se me respondía «Non, si figuri!»,[165] y no pagaba hasta el día siguiente. Repetida a menudo, me ganó esa estupidez reputación de pobre. Me percaté más adelante, por las lamentaciones del excelente Pasta, el marido de Judith, cuando me veía perder 30 o 35 francos. Aun después de haber abierto los ojos a ese detalle no cambié de conducta.