Rojo y blanco
Rojo y blanco —Pues harás muy mal, porque constituye la más hermosa experiencia de tu vida, asà como también la más curiosa. Cualquiera que sea lo que hagas de ahora en adelante, nunca podrás olvidar al general Fari, al señor de Séranville, al abate Le Canu, ni al señor de Roquebourg.
—Jamás.
—¡Pues bien!, lo más enojoso de la experiencia moral lo has hecho ya. Es el comienzo, la exposición de hechos. Sigue en los despachos la suerte que corren los hombres y las cosas presentes en tu imaginación. Date prisa, porque es muy posible que el ministro haya pensado ya en algún golpe de Jarnac para despedirte con toda suavidad y sin que tu señor padre pueda enfadarse con él.
—A propósito, mi padre ha sido elegido diputado por Aveyron, después de tres votaciones nulas, por la halagadora mayorÃa de dos votos.
—No me habÃas dicho que se presentara candidato.
—Lo encontraba verdaderamente ridÃculo, y por otro lado, no tuve demasiado tiempo para pensar en ello. Me enteré por medio del correo que produjo el sÃncope al señor de Séranville.
Dos dÃas más tarde, el conde de Vaize dijo a Leuwen:
—Voy a leerle el contenido de este documento.