Rojo y blanco
Rojo y blanco Ante aquellas frases interesantes y eruditas, todo el mundo empezó a hablar a la vez; la discusión sobre los ribetes duró una larga media hora. Cada uno de aquellos señores, quiso poner de manifiesto sus conocimientos sobre esa parte de la ciencia militar que tanto se parece al arte de los sastres, y que hacía las delicias de un gran rey, contemporáneo nuestro.
De los ribetes, pasaron a discutir sobre el principio monárquico, y las mujeres se estaban aburriendo, cuando el señor de Sanréal, que había salido un momento, regresó sin aliento.
—¡Traigo noticias! —exclamó desde el dintel de la puerta, sin poder apenas respirar.