Rojo y blanco
Rojo y blanco —Mamá, te equivocas; no es más que un hombre decepcionado. Si tuviera cuatro cientos francos de renta, se retirarÃa a los roquedales de Sainte-Baume, a pocas leguas de Marsella.
.—¿Por qué no se hace fraile?
—Cree que Dios no existe, o que si hay uno, no es muy bondadoso.
—Lo cual no es ninguna tonterÃa —comentó el señor Leuwen.
—Pero es todavÃa peor y me confirma en mi aversión hacia él.
—Esto constituye una mala suerte para mà —dijo Luciano—, ya que yo hubiese querido que mi padre escuchase la narración de la campaña hecha por mi fiel ayuda de campo, que en varias ocasiones no participó de mi opinión. Y jamás podré obtener de mi padre otra consulta si no se la pedimos juntos —añadió dirigiéndose a su madre.
—Nada de eso, todo esto me interesa, me recuerda los laureles conseguidos en el Aveyron, donde obtuve cinco votos legitimistas, dos de los cuales, cuando menos, se creen condenados por haber prestado juramento, pero yo les he prometido hablar en contra de dicho juramento y asà lo haré, ya que ello constituye una especie de robo.
—¡Oh, amigo mÃo!, esto es precisamente lo que temo —dijo la señora Leuwen—. ¿Y tu pecho?