Rojo y blanco
Rojo y blanco —Únicamente dos pistolas y un puñal —respondió con brusquedad militar.
El miedo del doctor aumentó más todavÃa. Luciano pudo oÃr castañear sus dientes.
«Si este joven oficial sabe la mala pasada que le gasté en la antecámara de la señora de Chasteller, lejos de comportarse como un niño, ¡menuda venganza puede tomarse!».
Al pasar cerca de un hoyo bastante ancho a causa de la reciente lluvia, Luciano hizo un movimiento un poco brusco.
—¡Ah, caballero! —exclamó el doctor con tono desgarrador—. ¡No se vengue usted de un anciano!
«Decididamente, está completamente loco».
—Mi querido doctor, me consta que le tiene usted mucho apego al dinero, pero en su lugar, tomarÃa un coche de alquiler o me abstendrÃa de mostrarme tan elocuente.