Rojo y blanco
Rojo y blanco Luciano sentía un gran remordimiento en lo concerniente a su padre. No sentía afecto hacia él, lo que a menudo se reprochaba, sino como un crimen, por lo menos como una falta de sentimientos. Él se decía, cuando los asuntos que acaparaban su atención le permitían reflexionar un poco:
«¿A qué agradecimiento no soy deudor a mi padre? Yo constituyo el motivo de todos sus actos; verdad es que él quiere dirigir mi vida a su manera. Pero en vez de ordenarme, me convence y persuade. ¡Cuán atento debo estar sobre mi conducta!».
Sentía una profunda e íntima vergüenza al confesarse, pero en fin, preciso era reconocer que no sentía ninguna ternura hacia su padre. Aquello constituía para él un verdadero tormento, una desgracia casi tan intensa como la que le producía aquello que en sus días negros llamaba la traición de la señora de Chasteller.