Rojo y blanco
Rojo y blanco »No puedo llegar a conseguir una magnÃfica posición sin una pasión grande y desdichada, de la cual el hombre más distinguido del faubourg Sain-Germain deberÃa ser la vÃctima. ¡Un hombre asà me levantarÃa hasta las más deseadas alturas! Pero puedo envejecer en mi posición actual sin que un acontecimiento como el que pienso se produzca, mientras que gentes de esta clase, no ciertamente de la más pura sangre azul, pero sà de un color más que suficiente, me rodearán en cuanto el señor. Grandet sea ministro… La señora de Vaize no es más que una bobalicona, y tiene a los que quiere en su salón. Las personas prudentes y sabias se mueven siempre alrededor de aquel que es dueño del Presupuesto».
Una multitud de razones se presentaban tumultuosamente en el espÃritu de la señora Grandet para confirmarla en el sentimiento de felicidad de ser ministro. Y de esto no habÃa duda. No eran precisamente tales pensamientos los que inflamaban el alma grande de la señora Roland la vÃspera del nombramiento de su marido. Pero es asà como nuestro siglo imita a los grandes hombres del 93, es asà como tuvo carácter el señor de Polignac; se copia el hecho material: ser ministro, dar un golpe de Estado, organizar un levantamiento, y 4 prarial, un 10 de agosto, un 18 fructidor; pero los medios con los que se consigue el éxito, los motivos de acción, no se tienen en cuenta para nada.