Rojo y blanco
Rojo y blanco —Es la fuerza de la situación lo que asà lo exige. Lo que yo le pido, lo que constituye su apuesta en el juego, si me permite esta manera de hablar tan clara y vulgar (y el tono del señor Leuwen perdió mucho de la buena educación que lo caracterizaba para dar paso al de un hombre que trata la compra de un lote de tierras y que está a punto de decir el último precio), lo que constituye su apuesta en el juego, señora, en esta gran intriga de alta ambición, únicamente depende de usted ganarla, mientras que el envidiable lugar que yo le ofrezco, depende del rey y de la opinión de cuatro o cinco personas, que se dignan concederme su confianza, pero que de cualquier modo tienen ideas y voluntad propias, y que por otra parte, al cabo de unos dÃas o después de un fracaso mÃo en la tribuna de los oradores, pueden perfectamente no querer saber nada de mÃ. En esta combinación de alta polÃtica y de alta ambición, aquel de nosotros dos que puede disponer del precio de compra, de eso que usted me ha permitido calificar de apuesta en el juego, debe entregarse, bajo pena de tener que ver a la otra parte contratante sentir más admiración por su prudencia que por su sinceridad. Aquel de nosotros dos que no pueda disponer de la apuesta del juego, y yo soy el hombre que se encuentra en este caso, debe hacer todo lo que el otro pueda humanamente pedir le en concepto de arras.