Rojo y blanco
Rojo y blanco —¡Plena confianza! —respondió la señora Grandet con alivio, como feliz de poder rendir al señor Leuwen una justicia que la llevaba a salir de una penosa duda—. ¡Plena confianza!
El señor Leuwen dijo, con el aire que se emplea para exponer algo que se considera necesario:
—Es preciso que dentro de dos dÃas, lo más tardar, presente el señor Grandet al mariscal.
—El señor Grandet cenó en casa del mariscal no hace ni un mes —contestó la señora Grandet algo amoscada.
«He tomado un falso camino con esta vanidad femenina; la creà menos estúpida».