Rojo y blanco
Rojo y blanco »SÃ, mi padre es como todos los padres, cosa que no he sabido ver hasta ahora; con infinitamente más inteligencia e incluso con más sentimientos que otros; lo que desea es hacerme feliz a su manera y no a la mÃa. Y es precisamente para servir a esta pasión de otro, por lo que yo me estoy embruteciendo, desde hace ocho meses, con un trabajo de oficina excesivo y en las cosas más estúpidas, ya que las otras vÃctimas de las poltronas del funcionario, por lo menos poseen ambiciones, como el amigo Desbacs, por ejemplo. Las frases enfáticas y convencionales que escribo, con variaciones, para hacer palidecer a un prefecto que sufre la existencia de un café liberal en su ciudad, o para hacer que se sienta inquieto a aquel que ha sabido ganarse, sin comprometerse, la decisión de un jurado y mandar a la cárcel a un periodista, las encuentran hermosas, convenientes y gubernamentales. No piensan en absoluto en que quien las firma es un bribón. Pero un tonto como yo, afligido por esta delicadeza, sufre todos los males de la profesión, sin ninguno de sus disfrutes. Hago sin sentir placer alguno cosas que encuentro a la vez estúpidas y deshonrosas. Y tarde o temprano estas palabras amables que ahora me dirijo a mà mismo, tendré el placer de escucharlas en voz alta y delante de todo el mundo, lo cual no dejará de ser halagador, puesto que, en fin, a menos de que el exceso de espiritualidad no acabe conmigo, como dicen las buenas mujeres, no tengo más que veinticuatro años, y en conciencia, este castillo de naipes formado por bribonadas, ¿cuánto tiempo puede durar? ¿Cinco, diez, veinte años? Probablemente no llegará a diez años. Cuando tenga cerca de cuarenta y se produzca una reacción contra toda ésta bribonerÃa, mi papel será considerado como el más denigrante de todos, el látigo de la sátira me perseguirá con sonrisa llena de amargura y me vilipendiará por unos pecados que, al cometerlos, no me han proporcionado placer alguno. ¡Si me tengo que condenar, por lo menos que sea por pecados que me sean agradables! Desbacs, por el contrario, desempeñará su papel a la perfección ya que, en último término, hoy en dÃa se sentirÃa ebrio de placer al verse convertido en consejero ministerial, prefecto o secretario general, mientras que yo no puedo ver en Luciano Leuwen más que un tonto completo, un estúpido redomado. Ni el mismo barro de Blois ha podido despertarme. ¿Qué es lo que podrá despertarte, pues, infame? ¿Esperas la bofetada personal?