Rojo y blanco
Rojo y blanco —Vuestra proposición me complace en extremo. Prefiero tener que entendérmelas con usted, digno y honesto hombre, por cien mil francos, que recibir ciento cincuenta mil de cualquier otra persona, que con seguridad no sentirÃa la misma veneración por el honor de mi padre. Sólo le pido una cosa: dénie una participación al señor Coffe.
—Le contestaré con toda franqueza. Trabajar con el señor Coffe me quitarÃa el apetito. Es hombre perfectamente honesto, pero su presencia me saca de quicio. Sin embargo, no se podrá decir que la casa Leffre y Gavardin deja de aceptar una proposición hecha por un Leuwen. Nuestro precio de compra por la cesión completa será de cien mil francos al contado, mil doscientos francos de pensión vitalicia para la señora, y para usted, señor, quedará todo el mobiliario, la vajilla, los caballos, etc., con excepción de un retrato del señor Leuwen y otro del señor Van Peters, a su elección. Todo esto queda reflejado en un proyecto de escritura que tengo aquÃ, y sobre el cual le sugiero consulte a un hombre a quien venera todo ParÃs: el señor Lafitte. Debo añadir —dijo el señor Leffre acercándose a la mesa—, una pensión vitalicia de seiscientos francos para el señor Coffe.